La hipótesis de la simulación lleva décadas rondando la filosofía y la física. ¿Y si el universo que percibimos fuera, en realidad, un programa informático de una civilización avanzada?
Si el universo obedece a leyes matemáticas predecibles, como señaló Einstein, podría ser porque fue diseñado para ser computable por alguna entidad superior.
Quarks y leptones actúan como píxeles del universo. Si existe una medida mínima irreducible, el universo podría ser finito y, por tanto, computacionalmente alcanzable.
Solo percibimos con detalle lo que tenemos inmediatamente delante. El resto se genera al avanzar. Como un motor de render en tiempo real dentro de un sandbox infinito.
MORFEO: — ¿Crees en el destino, Neo?
NEO: — No.
MORFEO: — ¿Por qué no?
NEO: — No me gusta la idea de que no pueda controlar mi vida.
MORFEO: — Lo sé perfectamente. Déjame decirte por qué estás aquí. Estás aquí porque sabes algo. No puedes explicar ese algo. Pero lo sientes... Este mundo tiene algo raro. Como una astilla en tu mente. ¿Sabes de qué estoy hablando?
NEO: — ¿La Matrix?
Matrix — Diálogo: 'Pastilla roja y azul'Una disfuncionalidad en el sistema, un error en el patrón, parece mover nuestro imaginario y sacarnos de lo que consideramos normal. Igual que en Truman Show, donde el protagonista ignoraba que vivía dentro de una burbuja completamente artificial, nosotros podríamos estar formando parte, sin saberlo, de un sistema cerrado que nos vigila y dirige.
Desde hace años circula entre científicos y entusiastas la idea de que nuestro mundo no es real. Hay quienes sostienen que vivimos en una simulación controlada por algún tipo de entidad superior, como si fuéramos piezas en un tablero ajeno.
"Tal vez nuestro universo sea un experimento científico de algún estudiante de secundaria de otro universo." — Raymond Kurzweil, director de ingeniería de Google.
Según el físico Rich Terrile, existen al menos tres indicios que podrían respaldar esta teoría:
Elon Musk lo tiene claro: para él, la probabilidad de que no estemos dentro de una simulación es de una entre un millón. Hace cuarenta años jugábamos al Pong. Hoy, una simulación tridimensional con miles de jugadores simultáneos es lo habitual. Si asumimos cualquier tasa de mejora tecnológica llegará un momento en que sea imposible distinguir un juego de la realidad.
Aunque puedan existir indicios de que somos una simulación, el argumento lógico conduce a una paradoja irresoluble: es imposible demostrar que somos reales, puesto que cualquier prueba que obtuviéramos podría ser, ella misma, parte de la simulación. Por tanto, si no lo somos, nunca podremos saberlo con certeza, a no ser que los propios simuladores decidan revelarse.
Un universo que sigue reglas matemáticas exactas es, por definición, simulable. Cada constante física podría ser un parámetro del programa que nos contiene.
Si el avance tecnológico continúa, cualquier civilización avanzada podrá crear simulaciones indistinguibles de la realidad. Estadísticamente, ya deberíamos estar en una.
No podemos refutar la hipótesis porque cualquier evidencia en su contra podría ser simulada. Lo que la convierte no en ciencia ficción, sino en filosofía pura.